jueves, 23 de junio de 2011

Stalin, Hitler, Galliano, Putin, Medvedev y 70 años de "celebración".

Compruebo por algunas reseñas contenidas en periódicos digitales que se cumplen setenta años de la invasión de la URSS por los nazis. Algún diario titulaba “Celebración Rusa por la invasión nazi”. Bueno, realmente no recuerdo si el titular era exacto pero si que usaba la palabra “celebración”. No quiero pensar que algún ruso celebre tal ignominia, más bien entiendo que conmemorarán la invasión nazi. Lo cierto es que después de tantos años, el comienzo de la Operación Babarroja y en general todo lo que rodee las efemérides de la Segunda Guerra Mundial salta a los titulares de los periódicos con tal frescura que sigue poniendo el vello de punta como supongo que lo haría hace setenta años.

El régimen de Stalin se aprovechó de todo lo que pudo arañar a los Aliados con sus acuerdos territoriales tras el término del conflicto. El malo de la película había muerto, suicidándose -al menos eso cuentan- dando por finiquitado el Tercer Reich. Un “pies para qué os quiero” se apoderó de los pertenecientes al círculo próximo a Hitler y la ruptura de las filas en los combatientes germanos fue total. A partir de ese momento la literatura se cebó con el dictador y hoy día no se encuentra -generalmente- a nadie que hable bien del austriaco del bigote. Bueno sí, John Galliano y mirad lo que le ha costado. Ahora el modista dice que no se acuerda de nada, pero grabado si que está.

Una vez leí que la Segunda Guerra Mundial había dado hasta ahora para escribir setenta mil libros, (claro que, todos conocemos algún barcelonés que está empeñado en doblar la cifra). Esto lo digo porque hasta ahora había visto libros de todo tipo: de armamento, batallas, personajes, anécdotas... pero nunca -y perdonad mi ignorancia- de economía. Han caído en mis manos dos libros que he comprado en una librería de viejo que para algunos podrán parecer aburridos y con un interés muy limitado desde el punto de vista divulgativo, sin embargo los encuentro sumamente atractivos para los que intentamos encontrar razones y palancas que movieron la guerra en aquellos farragosos años. Sus títulos son La Europa de Hitler, de Arnold J. Toynbee y La Segunda Guerra Mundial, 1939-1945, de Alan S. Milward.

Son dos volúmenes que, a mi parecer, se complementan; el primero porque trata la guerra como la suma de hechos y sus consecuencias económicas y el segundo lo hace desde el más puro punto de vista crematístico. Claramente no son lecturas veraniegas pero conviene tenerlas en la recámara de nuestras selecciones.

Pero tras esta divagación, me permito volver al punto inicial de la “celebración rusa” por la invasión. Según leo, los ciudadanos rusos no han estado por la labor de darle mucha fanfarria a la triste fecha conmemorada y prefieren dar rienda suelta al nueve de abril de cada año, cuando se celebra la rendición alemana.

Hoy son muchos los rusos que opinan que Stalin con tantas purgas entre sus filas debilitó la capacidad defensiva del país. Opinan que Stalin confió ciegamente en la palabra acordada bajo rubrica en el llamado Pacto Molotov-Ribbentrop lo que llevó a la nación a una irresponsable falsa situación de sosiego bélico.


Tras el ataque, Stalin se retiró a su residencia de descanso y dejó en manos de su ministro Vyacheslav Molotov la tarea de dirigirse por radio al pueblo soviético, el mismo día 22. El dirigente máximo del país aguardará hasta el 3 de julio para hacer oír su voz.

El discurso radiado de Molotov es uno de los mayores misterios del primer día de la invasión, ¿Por qué Stalin, el líder, el jefe del gobierno y del país, no apareció personalmente?

El actual presidente Medvedev es mucho más crítico con estas cuestiones que su antecesor Putin. Son cambios de actitud que reflejan que setenta años empiezan a pesar en la memoria colectiva de un país.

En una conferencia de prensa esta semana, el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) de Rusia, sucesor del KGB soviético, desclasificó documentos que demuestran que Stalin había recibido reiteradas advertencias sobre la inminencia de un ataque alemán. Pero el líder soviético restó toda credibilidad a esos avisos, que contenían docenas de detalles.

"Stalin tenía en su escritorio toda la información sobre los preparativos de un ataque alemán. Se le habían entregado todos los informes", recalcó el general Lev Sotskov, del SVR. Sin embargo, "cuando el ataque empezó, no estábamos preparados", señaló.

Más material para seguir leyendo libros que otros escribirán sobre nuestra temática favorita.

1 comentario:

Conde de Salisbury dijo...

Ja, ja, ja ... Que una gente que tiene que trabajar preferentemente con el lenguaje no sea capaz de darse cuenta de las connotaciones de la palabra "celebración" dice mucho del nivel de los periodistas ... pero no dice nada bueno.